Buenas tardes, compañeras, compañeros y compañeres.
Hablar desde esta voz trans, visible y viva, no es sencillo, porque cada palabra que pronuncio hoy carga con las historias de tantas hermanas que ya no están. Porque ser una persona trans, activista, visible, en este país, todavía es un acto de valentía… y de riesgo.
Hoy no vengo a hablar solo de mí, sino de nosotres. De quienes hemos sido históricamente relegades, excluides, pero que aun así nos levantamos, cada día, con la dignidad intacta y el orgullo en alto.
Nuestra lucha LGBTIQ+ no comenzó ayer, ni se reduce a una fecha en el calendario. Es una lucha construida desde las esquinas, desde las peluquerías, desde las calles, desde los hospitales que nos cerraron las puertas, y también desde los escenarios, las aulas, las redes y las instituciones donde hemos logrado conquistar pequeños espacios.
Pero hoy, en pleno 2025, no podemos hablar de orgullo sin hablar de dolor. De alerta. De retroceso.
Lo que está ocurriendo en Estados Unidos es una llamada de atención para el mundo. En lugar de avanzar, estamos viendo cómo se están aprobando leyes que castigan a niñes trans, que prohíben tratamientos médicos de afirmación, que censuran incluso nuestro derecho a nombrarnos como somos.
Más de 500 propuestas legislativas anti-trans han sido presentadas en distintos estados. Nos quieren desaparecer desde la infancia, como si nuestra existencia fuera una amenaza. Como si amar, vivir, o simplemente decir “soy trans” fuera motivo de castigo.
Y aunque esto esté ocurriendo allá, no es algo lejano. Porque el odio viaja. Porque los discursos de la derecha conservadora se organizan, se copian y se reproducen también en nuestras tierras.
En Ecuador, lo vivimos en carne propia.
Sí, tenemos sentencias ganadas. Tenemos identidad de género reconocida en la cédula. Tenemos matrimonio igualitario. Pero seguimos viviendo una paradoja: tenemos derechos en el papel, pero no en la vida.
En este país, las personas LGBTIQ+ —y en especial las personas trans— seguimos siendo expulsadas de nuestros hogares, humilladas en las escuelas, excluidas de los empleos, y asesinadas con odio y silencio institucional.
Hoy, ser una mujer trans en Ecuador puede significar una esperanza de vida de menos de 35 años.
Y aún así, nosotras seguimos aquí.
Sin políticas públicas efectivas. Sin presupuesto. Sin garantías reales. Con un sistema de salud que no reconoce nuestras necesidades. Con una justicia que nos revictimiza o simplemente no nos cree.
Pero también con memoria. Con organización. Con orgullo.
Y aquí es donde se marca la diferencia: mientras ellos intentan silenciarnos, nosotras respondemos con más visibilidad, con más redes, con más amor.
A las autoridades de este país les decimos: *no queremos limosnas, queremos justicia. Queremos una **Ley de Identidad de Género* que sea despatologizante. Queremos que se garantice el acceso a salud integral para las personas trans. Queremos políticas educativas inclusivas que protejan a les niñes y adolescentes LGBTIQ+. Queremos que los crímenes de odio se llamen como lo que son, y no se maquillen como “delitos comunes”.
Y también queremos vivir. Vivir tranquilas. Vivir con libertad. Vivir sin miedo.
Porque la lucha no es solo contra el Estado, sino también contra una sociedad que muchas veces nos odia sin conocernos, que nos señala desde los púlpitos, desde las redes sociales, desde sus discursos que intentan justificar la violencia con religión o moralidad.
Pero aquí estamos. Sobrevivientes. Luchadoras. Orgullosas. Porque existimos, porque resistimos, y porque sabemos que *lo trans no es una ideología, es una existencia digna*.
A las juventudes LGBTIQ+ que hoy nos escuchan, les digo con el corazón en la mano: no están soles. Aunque a veces el mundo parezca frío, aunque el rechazo duela, aquí hay una comunidad que no les va a soltar. Aquí hay historia, aquí hay lucha, y aquí hay futuro.
Y a mis hermanas trans, a mis compañeras de vida, les digo: *el sistema nos quiso muertas, pero aquí seguimos vivas, y ahora nos quieren calladas, pero hablaremos más fuerte*.
El orgullo es lucha, memoria, y también ternura. Que este sea un llamado a seguir luchando, sí, pero también a cuidarnos, a acompañarnos, a abrazarnos con sororidad radical.
Porque *no hay democracia sin personas trans vivas*.
Porque *no hay Ecuador justo sin igualdad para todes*.
Y porque *no hay orgullo verdadero si no es con nosotras al frente*.
Discurso de Nebraska León, Presidenta de la Fundación Coccinellu y Directora Vitalicia del Orgullo Quito 2025

